Secretaría Técnica

Índices de Competitividad

 

Junio 6, 2009
Nueva institucionalidad para enfrentar los desafíos del TPC

Fuente: La Prensa

La noticia sobre el inicio del debate en el Senado de Estados Unidos para una próxima ratificación del tratado bilateral de libre comercio con Panamá (TPC), pendiente desde el año 2007, vuelve a poner sobre la mesa el tema competitividad-país.

Este tema adquirió prominencia en el debate nacional durante el año 2006 cuando se adelantaban las negociaciones con nuestro principal socio comercial. La implementación del TPC requeriría del trabajo coordinado de muchas instituciones y el Gobierno creó en ese mismo año el Consejo de Ministros para la Agenda Complementaria y la Competitividad como un organismo asesor del Ejecutivo.
La falta de ratificación del TPC por parte de Estados Unidos determinó desafortunadamente la congelación de este tema y la virtual inoperancia del Consejo como cuerpo colegiado. Muchos actores nacionales no percibieron que la tarea de preparar e implementar una agenda nacional de competitividad no surge por la necesidad de atender compromisos acordados con el mayor socio comercial sino por la necesidad impostergable de acelerar el proceso de desarrollo.

Como en otros países, el crecimiento de los últimos años ha estado favorecido por condiciones excepcionales de los mercados externos, que actualmente se han reversado en medio de la crisis internacional. Para mantener el impulso hay que adoptar una estrategia ambiciosa que integre y potencie el accionar público y privado, que actualmente se encuentran fragmentados.

Sería injusto no reconocer los avances que se han dado en la dirección correcta. No obstante, debemos reconocer que aún nos falta camino que recorrer, que debemos acelerar el proceso y adoptar una Agenda Nacional de Competitividad.
El modelo institucional que necesitamos para trabajar en el mejoramiento continuo de la competitividad-país debe cumplir, entre otros, con los siguientes principios: una visión país, integral y sistémica; corresponsabilidad del sector privado; participación institucionalizada, es decir, definida en el marco normativo; rendición de cuentas y generación creciente de confianza entre la partes.

Las lecciones más importantes de las experiencias de países exitosos y de nuestra propia experiencia nacional reciente deben ser incorporadas, para seguir avanzando en la construcción y perfeccionamiento de nuestro modelo institucional. Los siguientes factores son sumamente importantes:

1. Liderazgo al más alto nivel del Ejecutivo. El compromiso y liderazgo presidencial es un factor crítico para promover la competitividad-país y crear un clima de negocios adecuado. Se debe materializar mediante la participación activa del Presidente de la República al vértice del Sistema Nacional de Competitividad.

2. Autoridad Coordinadora. Debe existir una sola instancia al más alto nivel político-estratégico, de tipo mixto (público-privado), que coordine el sistema de competitividad/innovación de manera efectiva. Es conveniente considerar la posible fusión de algunas de las instituciones que, bajo el Ministerio de la Presidencia, ven actualmente estos temas.

3. Participación del sector privado. Este sector es el protagonista principal en el tema de competitividad y por lo tanto debe desempeñar su rol en promover que se convierta en política de Estado. Para hacerlo, sus instituciones también deben evolucionar. La experiencia en otros países ha sido a través de la creación de una entidad no gremial que, con visión de país, actúe como un organismo de coordinación e interlocución entre el sector público y el sector privado para trabajar los temas de competitividad.

4. Generación de confianza. La credibilidad es un activo esencial que se genera y consolida con las propias acciones. El carácter transversal y la visión de país de la contraparte privada son factores necesarios para generar credibilidad con el Gobierno, que puede confiar en que no hay “agendas ocultas” o intereses particulares detrás de las propuestas y las acciones. La entidad que asuma el papel de contraparte también debe tener legitimidad para el propio sector privado (tanto empresarial como gremial). La dotación de una estructura de Gobierno Corporativo es otro elemento, también esencial, para consolidar la credibilidad frente al propio sector privado.

La coyuntura actual de cambio de administración gubernamental ofrece la ventana de oportunidad propicia para introducir los ajustes necesarios a nuestro modelo institucional. Su perfeccionamiento, en el respeto de los principios enunciados, nos permitirá enfrentar mejor los retos que nos esperan


 
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